Tener una buena disposición en diversas circunstancias –a lo largo de la vida- implica haber internalizado en la mente y en el corazón que “todos” somos aprendices. Esto, además, lleva consigo ser empáticos con los demás y con uno mismo. En relación a ello quiero compartir una pequeña experiencia que tal vez se parezca a alguna vivencia que el amable lector haya experimentado.
Era una tarde fría y tranquila de pronto sonó el teléfono, como siempre alguien contestó y, luego, me avisaron que era para mí, en ese momento me acerque en paz, pero la noticia no era del todo grata, pues se tratada de la respuesta de dos documentos que había presentado a una institución privada con la esperanza de recibir una aprobación del proyecto; sin embargo, lo que resonó en mi corazón era una negativa, al principio no supe cómo responder solamente atiné a decir un gracias anémico. Colgué el teléfono y me sentí destrozada, dentro me resistí a acoger tal veredicto. No obstante, mas tarde, en silencio y soledad empecé a repensar sobre lo vivido y sentido, y caí en la cuenta de que debía tomar una decisión sobre cuál debía ser mi actitud frente a ese hecho; y las palabras resonaron en mi memoria: “eres un aprendiz”, estás aprendiendo… entonces agradecía aquél momento porque aprendí que en la vida lo esencial es el cómo uno hace frente a una situación adversa. Esta actitud, en mi caso, es tener presente que a lo largo de la vida siempre estamos en camino, esto es, seguimos aprendiendo.
Ojala, amigo/a lector/a te hay iluminado,
Con cariño,
Shirley.



